miércoles, 21 de mayo de 2008

10.-Armas de juguete

Al bajar de la manzana, el cogando visitante, me entrego un objeto piramidal, le llaman, la Epzeus, es una especie de memoria, que solo puede ser retransmitida al cerebro por un Teldes, (los Teldes son como tenazas que proyectan sonidos al cerebro)

El visitante era medio metro mas pequeño que los cogandos que había conocido en Mebe (ciudad en la que me encontraba), sin embargo, parecía que los cogandos le tenían un respeto especial, por ello supuse que su traje tenia la identificación de algún rango

Llego corriendo un pequeño cogando con un teldes en la mano, se lo entrego al anciano, el anciano me miro y extendió el teldes a mis manos muy lentamente

Tome el teldes y lo conecte a la Epzeus, apenas hice esto una luz salio del teldes y viajo en varias direcciones, de pronto un sonido muy grave comenzó a agudizarse hasta que pronto el sonido desapareció, y en mi mente corrían imágenes, como las de un sueño, pero mi conciencia aun seguía ahí

Había un niño en una calle solitaria, otro niño descendía por unas escaleras, ambos niños se miraban como atraídos, el primer niño era muy feliz con el otro, el otro niño tuvo que desaparecer, se fue muy lejos, el otro niño se puso triste y lo busco, cuando lo encontró, el segundo niño se aterrorizo pues el primer niño llevaba un arma, con la que luego lo asesinó.

Unos niños jugaba en la calle, paso un bus en medio de ambos niños y el menor de ellos que apareció después de la cola del bus, apuntaba a su hermano con una pistola de juguete, presiono el gatillo una y dos veces mientras decía pum pum
Mas tarde, su padre, que los golpeaba, se molesto mucho por una nota muy baja, y arremetió contra su hijo, propinándole una paliza, el niño lloro amargamente, y cuando el padre salio de la habitación, el niño apunto a la espalda de su padre con el arma de juguete, y con una mirada de odio que rompía con las miradas de dulzura de los niños, presiono el gatillo, un par de veces, mientras decía pum pum y ponía toda su sed de venganza en este acto, cuando el niño creció, se arrojó de un puente, a un río aterradoramente caudaloso

Cuando las imágenes desaparecieron de mi mente, me encontraba arrodillado, y con las manos en el suelo, como si hubiera sido golpeado, a los cogandos que me rodeaban les sorprendió mi estado, aparentemente para ellos no era muy normal que alguien termine como yo termine, pues en coganda están acostumbrados a que los pensamientos viajen de un cogando a otro, no es telepatía, es como cuando hacemos una llamada por teléfono, pero sin las orejas y sin el teléfono, la telepatía es una violación a la intimidad

Martin Linch

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